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06.04.2012

El Fondo contribuye a un exitoso programa de agua en la región más pobre del país Brasil: El Semiárido construye un futuro sin sed

Brasil tiene las mayores reservas de agua dulce del mundo. Pero en la región del Semiárido al noreste del país, tierra de los más pobres, la población apenas tiene agua. Para paliar su sed, los habitantes de la región crearon en 2003 el programa "Un Millón de Cisternas" con el objetivo de dotar a un millón de hogares, parcelas familiares y escuelas rurales de sistemas de recolección de agua que se llenan en época de lluvias y almacenan reservas para todo el año. Logró la financiación del gobierno brasileño. De este proyecto nació el Programa Cisternas, al que contribuye el Fondo con €20,5 millones. Las mujeres son las grandes protagonistas.

Una de las cisternas recién construida en una escuela Una de las cisternas recién construida en una escuela

“La cisterna cambió mi vida. Antes, cuando tenía comida no había agua para cocinarla. Ahora mi cisterna está llena." Maria Emilia Nobre da Silva, habitante de Pesqueria (Pernambuco).

Hay lugares en el Semiárido de Brasil en los que la época de lluvias evoca imágenes del Diluvio Universal: el cielo descarga tanta agua que los autobuses navegan carretera abajo. Pero en época seca, que dura unos ocho o nueve meses, gran parte del paisaje se agrieta y arrecia la sed de sus habitantes. Estamos en la región más pobre del país, la que concentra los niveles más bajos en el Índice de Desarrollo Humano y a la que apenas han llegado los beneficios de una de las economías emergentes más importantes del planeta, ni sus enormes recursos hídricos. Hasta hace unos años, ni el agua de la lluvia les servía de mucho a sus habitantes.

Pero en los últimos años algo está cambiando en el Sertão, como es conocida esta enorme expansión de tierra semiárida que ocupa casi un millón de km2 y abarca nueve Estados. Sus habitantes pasan por un proceso de empoderamiento: quieren que se les identifique no por su pobreza, sino por la riqueza de su cultura, la enorme biodiversidad de su tierra y su capacidad de superación. Rechazan el modelo de desarrollo intensivo (el llamado hidronegocio dependiente de la irrigación) que está provocando la salinización de las tierras, a favor de sistemas de agricultura sostenible y de un nuevo modelo de convivencia. Están luchando para reclamar sus derechos como ciudadanos y corregir las enormes desigualdades sociales. Y con sus propias manos, están construyendo un futuro sin sed.

El Programa Cisternas, al que contribuye el Fondo, dota a los hogares, escuelas y a familias agricultoras de cisternas, o aljibes, que se alimentan del agua de la lluvia. El programa fue creado por el foro regional ASA (Articulaçao no Semi-Arido Brasileiro) compuesto por más de 700 ONG de los nueve Estados, y en él participan otras organizaciones. Son los propios beneficiarios los que construyen estos aljibes con tecnología de bajo coste, y ASA se encarga de ejecutar los proyectos. Además de contar con la colaboración de las familias, la construcción se realiza por albañiles locales que reciben capacitación especial.

Albañiles de una comunidad construyen una cisterna Albañiles de una comunidad construyen una cisterna

Agua para beber

"Antes caminaba muchas horas para buscar agua que no era buena. La cisterna cambió mi vida". Maria Emilia Nobre da Silva. Habitante de Pesqueria (Pernambuco).

El proyecto "primera agua" ofrece cisternas de almacenamiento de agua para consumo humano. Las cisternas son entregadas a las mujeres. Son ellas las que se deben encargar de mantenerlas y de asegurar el buen uso del agua. Son también ellas, junto con sus familias, las que contribuyen con su mano de obra a la construcción de los tanques. Es una manera de asegurar la sostenibilidad del proyecto y de empoderar a las mujeres, las principales gestoras del agua en el entorno familiar.

Recientemente, la agricultora Josefa Roselia de Oliveira se arremangó junto a su familia y empuñó una pala. Todos ellos ayudaron a construir la cisterna que nutre de agua a su hogar durante todo el año. "Participé en la construcción junto con mi marido y mis hijos," recuerda. "Cavé la tierra, la transporté en carretillas... Colaboré porque es una cosa que nos va a beneficiar a todos."

El sistema incluye un mecanismo de captación de agua en los tejados, un entramado de canaletas y tuberías que conducen el agua hasta la cisterna, y un tanque, o aljibe, semienterrado en la tierra y revestido de cemento con una capa exterior de cal blanca.  Con una capacidad de 16.000 litros, abastece a una familia de unas 5-6 personas durante la época de sequía. La familia accede al agua mediante una bomba manual.

Las cisternas se sitúan en el exterior de las viviendas, cerca de la cocina, y requieren unos cuidados básicos para asegurar su mantenimiento y el buen uso del agua. Con el apoyo del Fondo, el ASA lleva a cabo proyectos de capacitación para las familias y ha producido numerosos materiales de educación audiovisuales y escritos. En ellos, se recuerda la importancia de limpiar las canaletas, mantener los aljibes cerrados con candado y fijar telas en las tuberías para filtrar las impurezas que llegan desde los tejados.

“Las mujeres caminaban de seis a ocho kilómetros cargando 20 litros en su cabeza, algunas incluso recorrían 24 kilómetros diarios”, asegura Jean Carlos Medeiros, Coordinador de la ASA. “Estas cisternas transforman completamente sus vidas”.

"La cisterna cambió mi vida," asegura Maria Emilia Nobre da Silva, madre, abuela y habitante de Pesqueria (Pernambuco). "Antes, cuando tenía comida no había agua para cocinarla. Tenía que caminar durante mucho tiempo para acarrear agua que no era buena. Ahora, gracias a Dios, mi cisterna está llena."

Hasta la fecha, el componente del proyecto "primera agua" apoyado por el Fondo ha universalizado la cobertura en por lo menos 100 municipios repartidos entre los nueve Estados del Semiárido, y ha llevado a cabo acciones de formación  y capacitación local.

Agua para la economía familiar

"La cisterna representa una victoria para mí y para toda mi comunidad". Maria Valnice da Silva de Oliveira, agricultora de Ceará.

El proyecto "segunda agua" ofrece cisternas más capaces a pequeños huertos familiares. Este tipo de tanque requiere una excavación a mayor profundidad y alberga hasta 52.000 litros de agua. "Nuestra cisterna nos permite producir alimentos para toda la familia; con el agua regamos el huerto y damos de beber a los animales," asegura Dona Dete, residente de Rui Barbosa en el Estado de Bahia. "Mi vida ha cambiado mucho desde que tenemos esta cisterna. Puedo dar de comer a mis padres y a otros parientes; y cuidar de mi huerto es una buena terapia para la mente."

"La cisterna representa una victoria para mí y para toda mi comunidad," asegura Maria Valnice da Silva de Oliveira, que también tiene un pequeño huerto familiar en Santana do Acaraú, en el Estado de Ceará. "La comunidad se organizó y las mujeres participaron mucho en este proyecto. Con el agua, la gente puede salir adelante. Estamos alcanzando nuestro sueño. Gente que no tenía nada ahora está mucho mejor."

Hasta la fecha, el componente del proyecto "segunda agua" apoyado por el Fondo ha fortalecido las actividades de pequeña producción familiar en los nueve Estados del Semiárido a través de la construcción de cisternas y otras pequeñas infraestructuras, además de la formación y capacitación local.

Reunión comunitaria en Alagoas, una de las comunidades receptoras de las cisternas  Reunión comunitaria en Alagoas, una de las comunidades receptoras de las cisternas

Agua para educar

"Antes los niños pasaban toda jornada escolar sin probar una gota de agua. La cisterna nos ha transformado la escuela." Maria Gorete dos Santos, maestra de la Escuela Municipal Gonçalves de Sá, Canhoba.

El proyecto "Cisternas para las escuelas" ofrece acceso a agua potable a los niños del Semiárido que estudian en escuelas rurales. Según un estudio de UNICEF, de las 37.600 escuelas del Semiárido, 28.300 no tienen acceso a la red pública de agua potable; es una situación directamente vinculada con el derecho de los niños a la educación porque muchas de las escuelas que no tienen agua funcionan precariamente o dejan de existir.

"Los niños y los maestros pasábamos horas sin probar ni gota de agua y sin comer," recuerda la maestra Maria Gorete Dos Santos, de la escuela municipal del Quilombo Dona Paquesa (municipio de Canhoba). "¿Se imagina una jornada escolar sin agua ni comida? Ahora en cambio, gracias a la cisterna, podemos darles a los niños una merienda escolar y mantener la escuela en buenas condiciones higiénicas. Han sido muchos años de lucha y lo hemos logrado con la ayuda de ASA y la Cooperación Española".

El proyecto se inició en 2009 en el estado de Bahia, y en 2010 se amplió a todos los nueve estados del Semiárido con el apoyo del Fondo. Las cisternas se construyen en dos tamaños según las necesidades de las escuelas. Los centros que participan en los proyectos reciben materiales pedagógicos que trabajan en las aulas con los niños: tratan temas como la cultura del agua, los hábitos higiénicos y la importancia de ayudar a los mayores a cuidar de las cisternas. ç

Así, junto con el agua potable que reparte Maria a sus alumnos también les ofrece una buena dosis de educación con la ayuda de los materiales desarrollados por el programa. "Los niños aprenden conceptos como el derecho humano al agua, la importancia de su buen uso y la problemática del agua y sus soluciones," explica la maestra.

Hasta la fecha, el componente del proyecto "Cisternas para las escuelas" apoyado por el Fondo ha garantizado el acceso al agua en escuelas públicas en nueve estados del Semiárido mediante la construcción de 733 cisternas escolares y la formación y capacitación del personal docente.

Reunión comunitaria en Alagoas, una de las comunidades receptoras de las cisternas  Una demostración de cómo se recoge el agua de la lluvia

Agua para el desarrollo y la igualdad

"El Programa cisternas democratiza el acceso al agua". Adriano García-Loygorri, Jefe del Departamento del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento.

El Programa Cisternas, así como el programa original "Un millón de cisternas," han obtenido numerosos galardones nacionales e internacionales por su enorme éxito y por ofrecer un sistema altamente sostenible. La tecnología empleada es sencilla, de bajo coste y adaptable a cualquier región del Semiárido. Una vez construidas las cisternas, el gasto asociado con el mantenimiento es mínimo y la mano de obra depende de las familias y de las comunidades. 

Además de promover la democratización del agua, el programa también aporta cambios sociales y económicos. Un estudio de la Federación Nacional de Bancos (FEBRABAN) muestra entre una parte de la población beneficiaria que la incidencia de parásitos bajó un 4.2% y la de asma descendió un 3.9%. Se siguen realizando nuevos estudios y evaluaciones a medida que el programa se implementa en toda la región.

Los beneficios son especialmente importantes para las mujeres, que ya no tienen que acarrear agua a diario durante varias horas y que pueden dedicar ese tiempo a labores productivas. El acceso al agua potable es además una herramienta efectiva para luchar contra la pobreza y la exclusión social, condiciones que afectan en especial a la población afrodescendiente de la región.

Fin documento AECID